lunes, 8 de octubre de 2012
Vamos a quemarnos
Ya estaba sentada, fumando hace unos largos minutos mientras miraba por la ventana
y pensaba que ese día no podía ser mejor tan solo por el hecho de que no tenía que cumplir con la rutina diaria.
Mi cabeza suele divagar bastante, así que me acordé del miedo que sientoal pensar en lo terrible que sería para mí no poder recordar la voz de mi abuela, ni cuando
me hablaba en un idioma (para mí) inentendible. Me puse feliz al volver a sentir algo
parecido a aquello cuando pasaba sus manos sobre mi pelo. Y mientras, algunas lágrimas de
angustia amenazaban con estallar, él estaba plácidamente durmiendo.
Era un domingo, y por más que haga frío,siempre hay un aire similar al que yo relaciono con calor, con falta de aire, y sin sol.
Miré al piso y había restos del espejo que rompí la noche anterior cuando discutimos.
Los espejos me dan miedo,quizá porque no tengo cómo escapar de mi misma.
No habíamos terminado de arreglar las cosas, pero le dije que así ya no podía, que me diera un beso en la frente y que hoy lo íbamos a solucionar. Pienso que por más enojado que esté uno nunca hay que dejar de decir "te amo", o darse un abrazo. Uno no sabe qué puede pasar.
Se movió y se destapó un poco dejando ver un poco de su camisa a cuadros que tanto me
gusta. Verlo me da paz, verlo me hace quererlo cada vez más.
Abrió los ojos y con sus manos, que a penas comenzaban a sentir el movimiento de la realidad, tomó las mías e intentó arrastrarme hacia él. Como si hubiese leído mis pensamientos, me abrazó.
Así estuvimos un buen rato. Hablándonos sin hablar, respirando los dos con el mismo cuerpo, y las mismas imágenes mentales.
Él siempre me dice que estamos en el mismo canal, y yo le creo.
No quise ponerme a llorar, pero tuve esa sensación horrible. La sensación de perderlo todo.
Lo agarré tan fuerte como pude, y volví a entender por qué mi día era especial.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario